Los mejores cortes para la parrilla
Qué corte va con qué momento del asado, cuáles piden fuego lento y cuáles se hacen rápido, y cómo combinarlos para una parrilla que salga pareja de principio a fin.
El repaso de los cortes clásicos
El asado (tira de asado) es el corte central de la parrilla argentina: se corta transversal al costillar, así cada tira lleva hueso, carne y grasa. Pide fuego moderado y paciencia. La tapa de asado, que va por encima del costillar, tiene más grasa infiltrada y tejido conectivo, por eso es de cocción lenta y queda mejor cuando se la deja fundir despacio hasta ablandarse.
El vacío es una tira ancha del costado del animal, con una telita que lo recubre: se cocina de los dos lados y queda jugoso adentro con costra dorada afuera. La entraña es el músculo del diafragma, fina y muy sabrosa; se hace en pocos minutos y se come apenas rosada. El matambre es una lámina delgada que va entre el cuero y las costillas: fino y de sabor marcado, ideal para arrancar la parrillada mientras se hace el resto.
Entre los cortes de bife, el bife de chorizo se saca del lomo bajo, es grueso y con una tapa de grasa que lo mantiene jugoso. El ojo de bife viene del mismo lomo pero es más magro y tierno, con esa grasita central que le da sabor. Los dos son cortes de fuego vivo y sellado: sirven para quien quiere un bocado individual bien punteado.
Rápidos vs. cocción lenta
Dividir los cortes por tiempo es la clave para no quemar unos mientras esperás otros. De cocción lenta y fuego moderado: el asado (una tira ancha puede pedir 40 a 50 minutos, del lado del hueso la mayor parte del tiempo), la tapa de asado y el vacío, que necesitan que la grasa y el tejido conectivo se deshagan sin apuro.
De cocción rápida y fuego vivo: la entraña (vuelta y vuelta, unos 3 a 4 minutos por lado según el grosor), el matambre fino, el bife de chorizo y el ojo de bife. Los bifes gruesos se sellan a fuego fuerte los primeros minutos de cada lado y después se retiran del calor directo para que terminen sin secarse; un punto jugoso ronda los 52 a 54 °C en el centro, a punto los 60 °C. Dejalos descansar unos minutos antes de cortar para que los jugos se repartan.
Regla práctica: lo que tiene mucho hueso, grasa o tejido conectivo va temprano y lento; lo magro y fino va sobre el final y rápido. Salá con sal gruesa recién sobre la parrilla, no antes, para no deshidratar la carne.
Cómo armar una parrilla equilibrada
Una buena parrillada combina cortes de distinto tiempo y sabor, no tres kilos del mismo. Un esquema que funciona: un corte lento para el centro de la mesa (asado o tapa de asado), uno intermedio y jugoso (vacío), y un corte rápido para arrancar (matambre o entraña) que se sirve mientras el resto termina. Si sumás bifes individuales, sumalos al final para que salgan calientes y en su punto.
Calculá alrededor de 400 a 500 gramos de carne por persona si el asado es el plato principal, o 300 a 350 si hay achuras, chorizos o guarniciones. Ordená las brasas por zonas: una parte más fuerte para sellar bifes y otra más suave para lo que va lento, y andá moviendo los cortes según cómo respondan.
En La Estancia trabajamos con ganado Angus y Limousin de producción propia, con selección pieza por pieza. Según el lote vas a encontrar terminación a grano —más grasa entreverada, más untuosa— o a pastura —más magra y con sabor a campo—; conviene elegir el corte pensando en cómo lo vas a cocinar, porque de eso depende que la parrilla salga pareja.