Sellado antes de la olla
Secá bien las rodajas, salalas y doralas en aceite caliente por ambas caras antes de estofar. Ese dorado inicial fija los jugos y arma la base de sabor de la salsa.
El corte de invierno por excelencia: rodajas de garrón con hueso y caracú que se deshacen tras horas de fuego lento.
Terminación: grano · pastura
El osobuco es el corte transversal de la pata del animal, tomado del garrón (la parte baja, delantera o trasera), y se presenta en rodajas gruesas con el hueso central bien a la vista. Dentro de ese hueso está el caracú, el tuétano, que es la verdadera clave del corte: al cocinarse largo y lento se disuelve, aporta gelatina y le da a la salsa un cuerpo y un sabor profundo que ningún otro corte consigue. Es carne de músculo activo, atravesada por tendones y tejido conectivo, por eso cruda parece dura, pero esa misma estructura es la que la convierte en algo tierno y jugoso cuando se le da tiempo.
En nuestra hacienda Angus y Limousin de producción propia, el osobuco sale con la proporción justa de hueso, carne y caracú. La terminación a grano suma una veta de grasa que enriquece los braseados, mientras que la de pastura aporta una carne más magra y de sabor marcado, ideal si buscás un guiso menos untuoso. Es un corte noble y rendidor, pensado para las ollas de invierno: una o dos rodajas por comensal alcanzan para una comida completa y contundente.
Su uso estelar es el braseado largo, el famoso osobuco a la milanesa lombardo o, en clave nuestra, el guiso de invierno con vino, verduras y papas. Pero no se agota ahí: bien dorado y luego estofado con arroz, con polenta o sobre un puré, es un plato que reconforta. También hay quien lo hace a la milanesa cuando las rodajas son finas, aprovechando la ternura del centro. Sea cual sea la receta, la regla es una sola: paciencia y fuego bajo.
Secá bien las rodajas, salalas y doralas en aceite caliente por ambas caras antes de estofar. Ese dorado inicial fija los jugos y arma la base de sabor de la salsa.
Una vez dorado, cubrilo con vino, caldo y verduras, tapá y cociná a fuego muy bajo entre 2 y 3 horas. La carne está lista cuando se desprende sola del hueso.
Dejá el hueso en la cocción todo el tiempo: el tuétano se disuelve de a poco y es lo que le da cuerpo y untuosidad a la salsa. Al servir, animate a untarlo sobre pan.
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