En sándwich
Pedila en feta bien fina para que se pliegue sola y llene el pan. Va perfecta en un sánguche de miga o en pan francés con queso; una pizca de mostaza o un chorrito de aceite de oliva la levantan sin taparla.
Un fiambre cocido, tierno y de sabor amable, a veces con pistacho: la mortadela que seleccionamos rinde igual en un sánguche, en la picada o frita en la sartén.
La mortadela es un embutido cocido de origen italiano, más precisamente de la ciudad de Bolonia, donde nació la receta clásica. Se elabora con carne de cerdo finamente emulsionada hasta lograr una pasta homogénea, en la que se distribuyen dados de grasa (los famosos cubitos blancos) y, en muchas versiones, granos de pistacho. Esa mezcla se embute en una tripa amplia y se cuece lentamente a baja temperatura, lo que le da su textura densa pero suave y ese perfil de sabor tan amable, apenas especiado, que la diferencia de los fiambres curados.
En La Estancia Black no la elaboramos nosotros: la seleccionamos entre proveedores de confianza para tenerla siempre en el mostrador, cuidando que la pasta quede pareja, el corte prolijo y el sabor equilibrado. Por eso la vas a encontrar entre nuestra charcutería como una opción de fiambre cocido, más liviana en carácter que un salame o un jamón crudo, ideal para quien busca algo tierno y sin punzadas de sal o especias fuertes.
Es un fiambre versátil como pocos. En feta fina brilla en el sándwich de todos los días y en la tabla junto a otros embutidos y quesos; en feta más gruesa se luce a la plancha o frita, cuando los bordes se doran y la grasa se vuelve golosa. Pedila cortada finita para picada y sánguche, o en fetas parejas si la vas a pasar por la sartén.
Pedila en feta bien fina para que se pliegue sola y llene el pan. Va perfecta en un sánguche de miga o en pan francés con queso; una pizca de mostaza o un chorrito de aceite de oliva la levantan sin taparla.
Cortala en fetas y doblalas en cuartos o enrolladas para que rindan y se vean prolijas. Acompañala con quesos de sabor suave, aceitunas y pan; combina bien al lado de un salame o una spianata para contrastar lo cocido con lo curado.
Cortala más gruesa (medio centímetro) y dorala en sartén caliente sin aceite: la propia grasa la sella y los bordes quedan crocantes. Servila enseguida en pan con queso derretido; es el clásico sánguche de mortadela frita.
Mirá el stock en vivo en el catálogo o pasá por cualquiera de nuestros locales en Gualeguaychú y Concepción del Uruguay.