El embutido de sangre que abre todo asado: cremoso por dentro, dorado y crocante por fuera cuando lo cocinás con paciencia.
La morcilla es un embutido de sangre cocida, tradicional de la charcutería criolla y española, que llega a la parrilla ya cocido. Adentro de la tripa lleva sangre, grasa y condimentos que le dan esa textura cremosa y untuosa tan característica. Se cuece durante su elaboración, así que en el asado no la estás cocinando de cero: lo único que buscás es calentarla bien y dorar la piel. En La Estancia la seleccionamos para que la encuentres junto al resto de los embutidos, y viene en dos estilos que conviene distinguir antes de comprarla.
La suave es la más común: interior aterciopelado, sabor redondo y equilibrado, ideal para quien recién la descubre o para acompañar sin robar protagonismo. La vasca suma cebolla y a veces arroz o piñones, con una textura un poco más firme y un perfil más dulzón y especiado. Cualquiera de las dos es un clásico de la primera tanda del asado, esa que sale antes que la carne para engañar el hambre. También se luce fuera de la parrilla: desarmada en una salsa, salteada con cebolla, sobre una tostada o rellenando otras preparaciones.
Al ser un producto seleccionado, no la elaboramos nosotros: la elegimos entre proveedores de confianza para que mantenga el estándar de la casa. Nuestro consejo es tratarla con respeto en la parrilla, porque la piel es delicada y, si la apurás con fuego fuerte, se abre y perdés todo el relleno cremoso. Fuego moderado, poca manipulación y paciencia: esa es toda la técnica que necesita para quedar dorada por fuera y jugosa por dentro.
A la parrilla · sin reventarla
Ponela sobre fuego moderado, nunca sobre brasas violentas. Como ya está cocida, solo buscás calentarla y dorar la piel. Giralas con cuidado y lo menos posible: cada pinchazo o vuelta brusca abre la tripa y se escapa el relleno. Listas cuando la piel está dorada y tirante, y sentís que están calientes por dentro.
A la plancha o sartén
Cortala en rodajas gruesas o dejala entera y dorala a fuego medio con un chorrito de aceite. En rodajas se hace más rápido y quedan los bordes crocantes; entera conserva mejor la cremosidad. No la muevas hasta que se despegue sola de la plancha.
Desarmada en recetas
Fuera de la parrilla rinde muchísimo: sacale la tripa y salteá el relleno con cebolla para una salsa o un relleno; sobre una tostada tibia funciona como entrada. Al estar ya cocida, un par de minutos al fuego alcanzan para integrarla.
¿La morcilla se come cruda o hay que cocinarla?
La morcilla ya viene cocida de su elaboración, así que técnicamente es apta para comer sin más cocción. En el asado no la cocinás de cero: solo la calentás bien y dorás la piel. Igual conviene pasarla por el fuego o la plancha, porque caliente y dorada es cuando más se disfruta.
¿Cómo evito que la morcilla se reviente en la parrilla?
El secreto es fuego moderado y poca manipulación. Las brasas muy fuertes hinchan la tripa y la abren; girarla de más o pincharla también. Ponela sobre calor suave, dala vuelta con cuidado una sola vez y sacala apenas la piel esté dorada y tirante.
¿Qué diferencia hay entre morcilla suave y vasca?
La suave tiene un interior cremoso y un sabor redondo y equilibrado, ideal si buscás algo clásico. La vasca suma cebolla y a veces arroz o piñones: es un poco más firme, más dulzona y especiada. Las dos van bien en el asado; la elección es cuestión de gusto.